XRON
Xesús Ron
(Vigo, 1965) se integra en el Grupo Chévere en 1988, realizando tareas de gestión, producción, interpretación, documentación, dramaturgia y dirección
escénica. Se ocupó de la dramaturgia y dirección de obras como Helen Keller, ¿la mujer maravilla? (2024), N.E.V.E.R.M.O.R.E. (2021), Curva España (2019), Divinas Palabras Revolution (2018), Anatomía dunha serea (2018), Eroski Paraíso (2016), Goldi Libre (2016), As Fillas Bravas (2014 y 2020), Eurozone (2013), la trilogía Citizen (2010-2011), Testosterona (2009), Alá no fondo hai espazo abondo (2008), O Navegante (2001) y A rutina é o deber de todas as criaturas (1998).
En 1992 participa en la creación de la Nave de Servicios Artísticos-Sala
NASA, ocupándose de la gerencia y dirección artística hasta 2011. Fue miembro
de la junta directiva de la Red de Teatros Alternativos (1999-2003) y del Consejo
Asesor del Centro Dramático Galego (2006-2009). Formó parte del Colectivo
Burla Negra y de la Plataforma Nunca Máis. En 2010 participa en la creación de
la plataforma digital de contenidos culturales Redenasa.tv. Dirige el programa de
residencia teatral de Chévere en Teo (2012-2019), el laboratorio de creación
escénica A Berberecheira (2016-2020) y el área de ficciones sonoras de la
compañía (2014-2025).
¿Cuándo fue la primera vez que pensó en ser dramaturgo y director?
La verdad es que nunca lo pensé. Mi dedicación a las artes escénicas no es vocacional y trabajar haciendo la dramaturgia y la dirección es algo que surgió sobre la marcha.
¿Y cuándo sintió que lo había logrado?
Bueno, esto es algo que aún no he sentido, quizás porque aún no he logrado serlo.
Su primera vez sobre las tablas fue en….
La primera vez que actué fue con Chévere en 1988, pero lo hacíamos en la calle, sobre las piedras o sobre el propio asfalto. Aunque ya antes me dedicaba a vociferar en público textos que pretendían ser poemas.
Y la última es en….
Hace tiempo que no salgo al escenario y lo hago poco. Solo en las Ultranoites, un cabaré político que Chévere lleva comandando desde 1993. La última fue el año pasado.
¿A quién admiraba de pequeño?
Hasta donde puedo recordar, de más pequeño admiraba a los astronautas. Supongo que influenciado por la repercusión que tuvo en mi infancia el primer viaje tripulado a la luna. Después admiré a futbolistas, boxeadores o ciclistas. Y cuando empecé a pensar por mi mismo me interesó más la poesía, la música y los tebeos.
¿A quién admira ahora?
Ahora admiro a la gente que tiene las agallas de salir a la calle y plantar una tienda en la plaza para defender nuestros derechos.
Aprendí mucho de….
Para dedicarme a esto, creo que aprendí mucho en la Sala Nasa, un espacio cultural independiente que comandamos durante veinte años en Santiago de Compostela.
No me ha enseñado nada…
.
De cualquier cosa se aprende algo.
¿Qué personajes célebres le gustaría dirigir y/o escribir?
No tengo ningún interés personal por los personajes célebres. Me atraen más los personajes que se mantienen en el anonimato o que tienen nombres que pasan tan desapercibidos que merece la pena darles voz en un escenario.
¿Con qué nuevos compañer@s le gustaría trabajar?
Cada proyecto que iniciamos implica conocer a gente nueva, pero lo más bonito es que no es algo que hayamos previsto de antemano, sino que su complicidad la convierte en gente necesaria.
¿Cómo se gestiona la incertidumbre ante un proyecto que no llega?
No considero la incertidumbre algo negativo o un problema. Es más bien un combustible impresdindible para alimentar la ilusión, la esperanza y la dedicación a un proyecto.
¿Cómo se celebra cuando si llega?
Cada nuevo proyecto lo celebro como si fuera el último.
Un dramaturgo o director debe tener un plan b para poder sobrevivir, ¿cuál es el suyo?
Nunca he tenido un plan b, ni lo he necesitado. Quizás por eso no soy realmente un dramaturgo o un director. En Chévere hemos aprendido haciendo de todo y es lo que seguimos haciendo. Ha sido un trabajo tan intenso que no me ha dejado tiempo para buscar otra actividad más productiva. De momento he sobrevivido tanto como ha sobrevivido el grupo Chévere. Y el próximo año cumplimos cuarenta años como compañía.
¿Cuáles son las historias que más le atraen actualmente para escribir o dirigir?
Lo bonito es construir las historias. Y hacerlo en directo sobre un escenario a la vista de todo el mundo es lo más bonito que hay. Me interesan los relatos incompletos o inacabados, las narraciones que funcionan como leyendas, en las que es difícil distinguir lo real de lo inventado, porque se alimentan a la vez de la verdad y de lo falso.
¿El mejor momento vivido sobre las tablas?
Ha sido muy divertido actuar, tanto como jugar al fútbol de pequeño. Un buen momento fue cuando volvimos a actuar en la plaza de nuestra ciudad ante miles de vecinos y vecinas cómplices, después de unos años de ostracismo.
¿Y el peor?
Diría que el peor aún no ha llegado. Lo espero. Hubo días difíciles, por no estar preparado animicamente o por estar demasiado cansado. Pero, aún conociendo lo duro que es esto, son muchos más los días mejores que los días peores.
El primer espectáculo que fue una catarsis para mí fue….
El primer espectáculo de Chévere es el único que vi como espectador, yo era un chaval, estaba en la plaza de los Bomberos de Compostela y fue en cierto modo catártico. Lo suficiente como para querer participar de aquello.
¿Y el último catártico ha sido...?
El estreno de Ictus en Santiago de Compostela fue catártico… Por lo menos para mi.
Una obra que le haya herido su sensibilidad como espectador…
No lo sé… Soy un espectador poco sensible y herirme por ese lado no es fácil. Además, he aprendido a elegir las obras a las que voy y el instinto que desarrollas evita los malos tragos.
Y una que le haya insultado a su inteligencia…
A las obras que tienen ese potencial ya ni se me ocurre acercarme.
¿Cómo se maneja la autocensura para tratar ciertos temas?
Si decides entrar en un tema, lo haces a saco, hasta el fondo, sin autocensura, aunque no tengas ánimo de provocación. De lo contrario es mejor no entrar.
¿Qué tal sientan los premios?, ¿cómo se digieren para continuar después?
Sientan bien, claro, sobre todo cuando tú no los has pedido. Me cuesta digerirlos, porque no sé recibirlos, ni premios ni regalos. Me he vuelto tan introvertido que me cuesta la exposición pública que implica recibirlos, por poco que sea.
Querría conocer a:
Me encantaría conocer a la primera persona que dibujó un mapa. Es una manera de contar una historia que no hemos conseguido superar.
¿
Qué le anima a no rendirte en esta profesión?
La posibilidad de que haya gente interesada en compartir la historia que contamos en escena es algo que te hace seguir trabajando. A veces es mucha gente, otras veces muy poca o ninguna. Pero la posibilidad de que haya alguien siempre está presente.
¿Qué le gustaría estar haciendo dentro de diez años? ¿En dónde? ¿Y con quien?
Me gustaría no estar muerto. Vivir en mi casa. Y con gente que me quiera un poco.
