Paula Valluerca es una artista internacional independiente con un amplio recorrido en la escena alternativa y los festivales Fringe europeos. Además de en España, has podido ver su trabajo en Edimburgo, Liverpool, Brighton, Londres, Praga o Berlín. Especializada en la creación y producción de espectáculos unipersonales que exploran la propiocepción como personaje fallido, sus obras suelen hablar del deseo de pertenecer y la incapacidad de hacerlo, o los limites entre ilusión y realidad. Su compañía, Madame Señorita, ha desarrollado un lenguaje escénico propio inspirado por el código clown en el que impera la interacción con el público, el uso del cuerpo como herramienta de juego, el exhibicionismo, la ternura y la retranca.
¿Cuándo fue la primera vez que pensó en ser directora?
La primera vez que pensé que podría ser directora fue cuando pensé que
podría dirigirme a mí misma. Spoiler: ¡Me equivoque! No puedo y es una
mala idea pensar que sí. A medida que ha avanzado mi carrera, algunas
compañeras y compañeros me han pedido ayuda para dirigir algún ensayo
en sus proyectos, porque al parecer piensan que lo puedo hacer. Disfruto
mucho estas sesiones porque no tengo la presión de estar dirigiendo una
creación propia. Para mis obras, en las que siempre actúo en solitario, hace
años que delego esa función a directoras que me conocen, conocen mi
lenguaje escénico, y son capaces de “hablarlo”. Cuando trabajo con ellas,
no creamos a partir de un texto, creamos a partir del cuerpo en movimiento
en relación con el espacio, así que tienen que ser personas que sepan
desempeñar una labor de “provocación”, o que puedan proponer
disparadores creativos a partir de los cuales se despliegue mi intención
dramatúrgica. En el caso de Roisin O ́Mahony, que es la directora con la
que más he trabajado. Tiene un enfoque creativo y original de las funciones
de dirección, que va más allá de montar un texto; propone juegos,
improvisaciones, y conoce mis obsesiones, deseos y miedos, que, al estar
basado mi trabajo en el clown contemporáneo, en el espacio de ensayo se
transforman en material actoral para nuestras creaciones. Este es el tipo de
directora que yo busco, y también, me gustaría pensar que es el tipo de
directora que yo soy.
¿Y cuándo sintió que lo había logrado?
Hace poco una persona que me había visto actuar con mi último
espectáculo, HERZ, me llamo entusiasmada con mi trabajo y me pidió que
la ayudase a dar forma a una idea que tenía para una pieza corta. Le ofrecí
una mentoría para ver si era algo que yo pudiese/quisiese hacer, y me
encontré de lleno con el deseo de una mujer por expresarse en solitario en
el escenario, de trasgredir y provocar utilizando su propia vulnerabilidad.
Esto me interpeló profundamente y decidimos comenzar un proceso
creativo juntas, que yo dirigiría. Trabajamos juntas durante un año, fue un
viaje muy bonito, y hace unos meses pude ver el estreno en una sala
alternativa de Vitoria. En esa primera función comprendí que la pieza había
trascendido la necesidad de una dirección continua, y que era el momento
de que yo soltara y permitiera que la obra y la performer emprendieran el
próximo trayecto del viaje solas. Fue la primera vez que me sentí directora.
Su primera vez sobre las tablas fue en…
Cuando tenía 12 años hice de bufón del reino en la obra GRUMPUS
ERREGEA (El rey Grumpus) en mi Ikastola (colegio). Entonces yo practicaba
gimnasia rítmica y preparé un despliegue de todas mis acrobacias para
aderezar el personaje. Fue un gran éxito y el público se puso en pie y me
dedico una gran ovación. Todavía recuerdo el texto de pé a pá.
Y la última ha sido en…
The Unity Theatre, Liverpool. Actué con mi último trabajo, HERZ; The roots of the potatoe para los “scoussers” (así se le llama a la gente de Liverpool,
por su famoso cocido, scouss). Me encanta el hecho de haber podido
presentar mis shows en países y culturas diferentes, es muy curioso
observar los cambios de un público a otro. Últimamente estoy dándole
vueltas a lo complaciente que es el público español. No toleran muy bien el
“cringe” o lo incómodo, y en seguida quieren resolver. El aplauso a veces
es ovación, pero a veces la gente también aplaude para que algo se
resuelva, a modo de rescate. En Inglaterra o escocia, en mi experiencia, la
gente te deja “morder el barro” (no aplauden, te dejan caer) si es lo que
toca en ese momento. Como performer que bebe del clown, ese momento
de “flop” (fracas- illo) esa bajada de ritmo, o ese gag que no ha funcionado,
es necesario como umbral que traspasar para que llegue la risa catártica, la
que crea esa conexión tan profunda entre actriz y espectador/a, la que es
posible solo cuando la primera se ha dejado ver en toda su ridiculez y la
segunda se ha dejado atravesar por eso que ha visto. Cuando una cómica
acepta eso que ha pasado y recibe la reacción de su público y la convierte
en juego, es cuando surge la magia entre ambos. Caen las máscaras, se
derrumban los códigos y los pactos del teatro al uso. Se crea una alquimia
en la que la torpeza se convierte en lo bello. Pero para que esto sea posible
hay que dejar lugar a la vergüenza, lo patético, lo incómodo… A mí me
gusta dejar los espectáculos abiertos y permeables a lo que pase en el
“aquí y el ahora” de cada función, o añadir elementos que vayan surgiendo
en mi vida y que crea que merecen ser expuestos en el escenario. Me gusta
probar cosas nuevas en el directo para mantener el espectáculo vivo, y la
reacción honesta del público es oro para definir si lo que vas cambiando o
añadiendo funciona realmente. Creo que con el clown hay aun en España
un “formato circo” de truco- aplauso- truco- aplauso (o broma- aplauso)
que le hace un flaco favor a poder desarrollar una dramaturgia y entender
bien el ritmo o el arco de la misma.
¿A quién admiraba de pequeña?
Pues sospecho que empecé por admirar a mi madre; recuerdo querer
maquillarme y calzarme tacones como ella. Mas adelante admiré a todas
las princesas Disney (¡sí, culpable! Mala feminista) después a las Spice
Girls, (como buena representante de la generación Y) sobre todo a Geri y a
la niña popular de mi clase que hacía de Geri en los bailes que
coreografiábamos en el patio del colegio. A mi prima Enara, que era la que
hacía que todas las primas pequeñas interpretásemos fielmente los
belenes vivientes que para disfrute (o hastío) de mi familia. Ella fue la
primera directora que conocí. Con trece años recuerdo una fiebre inmensa
con la telenovela Pobre Diabla, y entonces admiraba a su protagonista,
Fiorella. Y a Shakira, hasta los quince, pero la de pelo negro, la de Pies
descalzos y Donde están los ladrones. Me sé de memoria todas las letras
de todas las canciones de ambos discos. Me encantaría decirte que
admiraba a Simone de Beauvoir y a Clara Campoamor, pero chico, una es
lo que es.
¿A quién admira ahora?
Admiro mucho a Natalie Palamides y a Courtney Pauroso, dos performers
de L.A que inspiran mi trabajo y crean piezas con las que me siento
identificada. Tuve el honor de compartir escenarios con ellas en el festival
Fringe de Edimburgo y son mujeres de mi edad que han resignificado por
completo el universo del clown y han ensanchado sus horizontes para
hablar de la mujer y el ridículo combinando géneros de la comedia que
dialogan con un trasfondo emotivo y de denuncia. A Buster Blood Vesel de
Bad Manners, por su capacidad de mover la lengua a ritmo de Ska, A Jerry
Sadowich (bufón escocés) por dejarnos ver todo su patetismo, a Vigo Venn
(clown noruego también del circuito del Fringe) por petarla en el Got
Talent, a Roisin O ́Mahony y Chiara Goldsmith (dúo cómico británico) por
su química en el directo, a Andrea Jiménez, Ursula Martínez y a Noemi
Rodríguez por su labor como creadoras de artes escénicas a nivel nacional,
a Lady Rizo por ser la primera artista de cabaret que me inspiró, a Mariana
González Robers por su capacidad de congregar a las mujeres del mundo,
a Isabel Calderón y a Lucia Litmajer por sus afinadísimos textos con los
que han llegado a millones de personas, a La Pringada y a Ignatius Farray
por decir lo que nadie se atreve a decir en un micrófono… uf, estoy en una
fase bastante admiradora ahora mismo. Hay mucha gente con la que flipo.
Aprendí mucho de…
En la época durante la que viví en Londres aprendí mucho de mis maestros
de la London International School of Performing Arts; Thomas Pratti y Amy
Russel. Independientemente de la escuela, conocí y me formé con
grandes creadores como John Wright, Cal McCrystal o Mick Barnfather.
Durante esa época también viajé a distintos países a recibir clases con
Phillipe Gaulier y Nichole Kehberguer. De vuelta en España de la que más
aprendí fue de Ana Esmith, pero también tomé cursos con Aitor Basauri y
José Troncoso, cuyo trabajo resuena mucho con mi manera de hacer.
No me ha enseñado nada…
De todo se aprende, ¿no? Pero voy a intentar responder a la pregunta;
Quizás algún aprendizaje adquirido desde la carencia, desde la inseguridad
o la vergüenza que después he intentado desaprender. A veces aprendes
cosas que no quieres aprender, o que no te hacen bien, y tienes que hacer
la labor de identificarlas y desentramarlas para deshacerlas poco a poco.
Pero no hay nada en mi experiencia que no me haya enseñado, y si hay
algo que no me haya enseñado nada, no he aprendido de eso y entonces
no lo tengo presente.
¿Qué personajes célebres le gustaría dirigir/ interpretar?
Cualquier personaje de mujer fuerte y grotesca de alguna buena película
española de terror, thriller o comedia negra. Ahora mismo me viene el
personaje de Macarena Gómez en la película Musarañas, o Rosario, que
hace Terele Pávez en El día de la Bestia.
¿Con que nuevos compañeros le gustaría trabajar?
Me gustaría colaborar con Jaione Azcona, del festival de humor de Araia, con Nuria Cano, de Coñumor. Me encantaría organizar un taller de autodefensa para creadoras de artes escénicas Alexandra Chiricosta, y traer a Amy Russel parta montar una master class de Human Comedy en Vitoria.
¿Cómo se gestiona la incertidumbre ante un proyecto que no llega?
Si no llega, no hay incertidumbre. Hay certeza de que no está
llegando… y eso se gestiona malamente.
¿Cómo se celebra cuando si llega?
Por todo lo alto.
Una directora debe tener un plan b para poder sobrevivir ¿cual
es el suyo?
He pensado en ser florista, pero es poco realista porque no se
nada de plantas. Volver a guiar tours gastronómicos sería una opción, pero
volvería a ser una impostora. La verdad es que yo de lo único que sé un
poco es de creación de artes escénicas, teatro físico y clown, así que
cualquier cosa que tenga que ver con eso es mi plan b; dar clase sobre
todo lo está siendo estos últimos años y la verdad, lo estoy disfrutando
mucho.
Cuáles son las historias que más le atraen actualmente para
dirigir?
Últimamente me he visto curiosamente envuelta en dos proyectos
que tenían que ver con el arraigo/ desarraigo a la tierra de procedencia. Me
pasa frecuentemente que cuando empiezo a investigar entorno a un tema
para una creación propia, a mi alrededor empiezan a brotar historias que
tienen que ver con lo que estoy elaborando. En el caso de HERZ; Desde lo
más profundo de la patata, mi última obra, que habla de volver a la tierra
de procedencia con expectativas sin cumplir, durante el proceso creativo
se dieron encuentros fortuitos con artistas que deseaban hablar de lo
mismo en el escenario, desde su propia historia individual. En realidad,
creo que lo que me atrae es cualquier anhelo, obsesión, o miedo humano
profundo sin resolver. Siempre me motiva trabajar desde una pregunta que
estimule a la creadora, y utilizar el espacio escénico para explorar las
posibilidades de su dilema.
¿El mejor momento vivido sobre las tablas?
Recuerdo una improvisación en el Omnitorium, un espacio circular, con graderío, en el festival Fringe de Edimburgo. Fue en mis comienzos como Madame Señorita, cuando no sabía muy bien lo que estaba haciendo, ni las consecuencias que podía traer no saber lo que estás haciendo en escena. Improvisé durante 20 minutos y el público y yo tuvimos una química muy especial. Sus ojos brillaban, la expresión en sus caras era de puro placer, yo encontraba juegos en todo y con todo el mundo. Muy pocas veces me he sentido en ese estado de Flow, estuve en una nube durante bastante tiempo después de eso.
¿Y el peor?
Nunca olvidaré mi más estrepitoso “flop” (para quien no esté
familiarizada con esta palabra, significa fracaso, pero lo decimos en inglés
porque parece que pica menos) fue durante el festival Mr. Flop (el nombre
ya estaba gafado), en Granada. Año 2018, yo acababa de volver de
Edimburgo y allí me había ido bastante bien con el mismo show. Pero, en
la sala La Expositiva (que hoy en día tampoco existe) estuve en el
escenario durante una hora deseando que ese suplicio terminase. No le
deseo a nadie ese sentimiento; el público estaba incomodo, yo quería
desaparecer, y estuve hecha un ovillo en la cama durante bastante tiempo después de eso.
El primer espectáculo que fue una catarsis para mí fue….
Medea Electrónica, de Mella Faye o The Christeene Machine, de Paul Soileau.
Ambos en el Fringe de Edimburgo.
¿Y el ultimo catartíco ha sido…?
A Retrospection, de Claire Woolner. En el Soho Theatre, Londres.
Una obra que le haya herido su sensibilidad como espectadora…
cualquier obra aburrida hiere mi sensibilidad como espectadora.
Y una que le haya insultado a su inteligencia…
esto es difícil, porque yo soy bastante idiota.
¿Cómo se maneja la autocensura para tratar ciertos temas?
Yo no tengo de eso. La gente con la que trabajo suele encargarse de decirme cuando me estoy pasando de la raya, no soy una persona que tenga muy claros los límites. Cuando montamos HERZ, mi directora Roisin O ́Mahony sí tuvo que censurarme en algún momento, y se lo agradezco.
¿Qué tal sientan los premios?,¿cómo se digieren para continuar después?
Me sientan fenomenal, pero suben el listón y eso es presión añadida.
Querría conocer a:
Marina Abramovich y a Rosi de Palma y a Manuela Trasobares
¿Qué le anima a no rendirte en esta profesión?
Tener mis necesidades básicas cubiertas.
¿Qué le gustaría estar haciendo dentro de diez años?
Uf que agobio me ha entrado de repente. Creo que me gustaría estar dirigiendo mi propio cabaret de mujeres en salas divertidísimas de teatro alternativo
internacionales.
¿Y en dónde?
En cualquier sala con calefacción, público recurrente, bien de terciopelo rojo y camerinos decentes con duchas y agua mineral embotellada.
