Nacida en Ronda, Málaga. Es licenciada en Arte Dramático por la ESAD de Málaga, donde se especializó en interpretación textual. A lo largo desu carrera, ha participado en diversos proyectos teatrales,cinematográficos y televisivos.
En teatro, ha formado parte de producciones como En la pista, dirigida por Marc Monserrat-Drukket producida por el Teatro del Soho, y El Salto de Darwin, dirigida por Natalia Menéndez, para las Naves del Matadero,con una gira nacional. También fue parte de la obra La llamada, donde interpretó el personaje de Milagros bajo la dirección de Javier Calvo y Javier Ambrossi.
En cine, ha participado en 321 días en Míchigan, una película dirigida por Enrique García que ganó la Biznaga de Plata en el Festival de Cine Español de Málaga y más recientemente en Solos en la noche, dirigida por Guillermo Rojas.
En televisión, ha interpretado varios personajes en producciones como La casa de papel, Veneno, Los años nuevos, y La Agencia.
A lo largo de su carrera, ha recibido formación en interpretación y creación de personajes con diversos profesionales del sector, como Manuel Morón, José Troncoso o Andrés Lima, entre otros y ha complementado su formación con estudios en flamenco y ballet clásico.
Acaba de estrenar en el Teatro del Barrio el monólogo Solo quería bailar, proyecto que además produce. Basado en la novela homónima de Greta García, es una adaptación del dramaturgo Sergio Martínez Vila que dirige Alberto Velasco.
¿Cuándo fue la primera vez que pensó en ser actriz?
Pues lo cierto es que no lo recuerdo. Para mí es algo que siempre estuvo ahí. Y tuve la suerte de que en casa, de niña, me incentivaron para que desarrollase ese deseo, esa vocación.
¿Y cuándo sintió que lo había logrado?
No hay un momento concreto en el que lo haya pensado, porque esta es una profesión en la que no hay una meta, es más bien un camino. Pero sí recuerdo que con 15 años, en el colegio hicimos una versión de West Side Story, y me dieron el papel de María, y muchos padres de mis compañeros vinieron a darme la enhorabuena y a decirme que lo había hecho muy bien. Y sí recuerdo que pensé “vale, no estaba equivocada, yo para esto valgo”.
Su primera vez en las tablas fue en…
En el colegio, con 4 años.
Y la última vez ha sido en…
El Teatro del Barrio, el sábado pasado, con el monólogo Solo quería bailar.
¿A quién admiraba de pequeña?
De niña yo creo que yo querría haber sido una folclórica, un poco Lola Flores, un poco Carmen Sevilla. Ya más de adolescente descubrí a las chicas Almodóvar y soñaba algún día con ser una de ellas.
¿A quién admira ahora?
Uy, a muchos… A gente muy grande, claro. Pero últimamente me gustaría poner en valor a los compañeros que se autogestionan, que crean sus propios espectáculos sin el soporte de grandes productoras, que no son cabezas de cartel, pero que tienen tanta o más capacidad de emocionar, que luchan contra la precariedad que viven las artes escénicas y que creen en su visión y en el poder del arte. Que son valientes, se lanzan y se exponen.
Aprendí mucho de…
Recuerdo a un compañero director, Carlos Rico, que fue quien aún en la ESAD me enseñó qué actriz era, y qué actriz no era. Creo que es algo que me ha sido primordial a la hora de sostenerme como actriz. Y de mis compañeros de Solo quería bailar he aprendido muchas cosas, pero sobre todo que con amor y con generosidad, se trabaja mejor.
No me ha enseñado nada…
Siempre hay algo que aprender de todo.
¿Qué personajes célebres le gustaría interpretar?
Ay, esto es de atrevidas, pero a mí me encantaría interpretar a Lola Flores. Seguramente se me quedaría grande, pero esa energía, esa fuerza… Uy, cómo la disfrutaría…
¿Con qué compañeros nuevos le gustaría trabajar?
Hay tantos que no sabría mencionarte. Me hubiera encantado poder trabajar con Terele Pávez, con Chus Lampreave, Rosa María Sardá… pero llegué tarde para hacerlo. Lo cierto es que no soy muy mitómana. Quiero decir, claro que hay compañeros con los que me encantaría trabajar, que sería un sueño. Pero lo que realmente valoro en un compañero no es sólo un nombre o una trayectoria, es que haga agradable el trabajo, que lo ponga fácil, que trate bien al equipo, que valore nuestra profesión y la trate con respeto. Y , bueno, me encantaría que me dirigiera José Troncoso. He visto algunas de sus funciones, hice un seminario con él, y me encanta lo que hace, sus textos, sus personajes… Trabajar con La Zaranda también sería un sueño grande por cumplir. Recientemente hice un seminario con Paco y Eusebio Calonge y entrar en ese universo, el carácter sagrado de su teatro, esos textos… Sería maravilloso.
¿Cómo se gestiona la incertidumbre ante un proyecto que no llega?
Con fe y confianza. Y muchísima paciencia. Ha habido momentos en los que te faltan todos estos ingredientes, pero la vida te demuestra que al final, siempre llega algo. Espero que siga siendo así.
¿Cómo se celebra cuando sí llega?
Al principio lo celebraba muchísimo. Pero con el tiempo se va celebrando con más cautela, con más consciencia de que todos los proyectos empiezan y acaban, y que una vez que llegan a su fin, hay que volver a la casilla de salida, y que puede ser que tarde en volver a ocurrir algo.
Una actriz debe tener un plan B para sobrevivir… ¿cuál es el suyo?
Pues es que no lo tengo. Cuando he atravesado horas bajas he buscado curro de cara al público. Muchas veces me he lamentado por no tener ese plan B, pero lo cierto es que hasta ahora no lo he encontrado de manera orgánica.
¿Cuáles son las historias que más le atraen actualmente para interpretar?
Historias que movilicen, que sean en algún modo una llamada a la acción, a la toma de conciencia. De mujeres valientes que alzan la voz y que se colocan en lugares en los que no suelen colocarnos a las mujeres.
¿El mejor momento vivido sobre las tablas?
El estreno de Solo quería bailar. Es un proyecto que nace de mí, pero en el que me han acompañado personas increíbles, como Sergio Martínez Vila y Alberto Velasco. Ha sido un proceso de más de dos años desde que leí la novela de Greta García hasta que conseguimos estrenarlo en el Teatro del Barrio. Esa noche del estreno creo que ha sido el día más especial de mi carrera. Tener allí a toda la gente que me quiere, que han vivido de cerca el proceso, y luego ver sus caras de alegría y de orgullo, no se puede comparar con nada…
¿Y el peor?
Ufff… Hace un par de años tuve que sustituir a una compañera en una función de teatro. El personaje tenía una construcción complicada y requería de ensayos que no pude tener. Fue muy difícil sostenerse en escena porque hubo momentos de sentir ridículo, desorientación… Terminó la función y de la tensión liberada me puse a llorar. Nunca me había sentido así trabajando.
El primer espectáculo que fue una catarsis para mi fue…
Como espectadora creo que comprendí de verdad y viví la catarsis viendo Juicio a una zorra, de Miguel del Arco, con Carmen Machi. Ese final es pura catarsis, me emocioné muchísimo y quise poder vivir algo así encima de un escenario. Me pareció brutal.
Y el último catártico ha sido…
Sólo quería bailar. Esta vez como actriz.
Una obra que me haya herido mi sensibilidad como espectador…
Herirme? Me han tocado muchas, me han revoloteado días después verlas en el pensamiento. Pero ahora mismo no creo que ninguna me haya herido. En el cine sí he podido sentir que algo me hiriera, pero en el teatro no me ha ocurrido, por ahora.
Y una que haya insultado su inteligencia…
Pues… Ha habido obras que me han gustado más y otras menos, unas que valoro y entiendo y con las que conecto y otras con las que no comparto visión o criterio artístico.
¿Cómo se maneja la autocensura para tratar ciertos temas?
Pues es que yo como actriz nunca me he visto en la tesitura de autocensurarme desde el punto de vista artístico. Es cierto que, por ejemplo, en redes sociales, trato de ser cauta a la hora de emitir opiniones. No creo que sea una cuestión de autocensura, simplemente creo que hay demasiado ruido en redes y esta nueva manera de expresarnos o comunicarnos a veces no ayuda. Las opiniones que antes quedaban en la intimidad de nuestro entorno más cercano ahora parece que con este nuevo altavoz sientan cátedra sin pudor y muchas veces sin autoridad. No digo con esto que no haya que tener opinión, es inevitable tenerla, simplemente, creo que no siempre es necesario emitirla a los cuatro vientos. La canción Opinión de mierda de Los Punsetes sintetiza mejor que yo esta idea.
Pero hablando del terreno artístico, es una pena que los creadores tengan que cuestionarse tanto hoy en día qué temas se pueden o no tratar. Creo que en el arte, debería poderse tratar cualquier tema siempre y cuando se haga con inteligencia y buen gusto.
¿Qué tal sientan los premios? ¿Cómo se digieren para continuar después?
Solo he tenido la suerte de recoger uno. Y para mí fue una noche muy bonita que compartí con toda mi familia y mis amigos más cercanos. Y yo lo digerí así, agradeciendo el poder pasar una noche bonita con la gente a la que quiero, y poder celebrar esa alegría compartida. Sirven para eso los premios, ¿no? Para compartir alegría con la gente que te quiere. Bueno, y también para animarse a seguir remando. El premio real es que siga llegando trabajo.
Querría conocer a…
Lorca y a Lola Flores.
¿Qué le anima a no rendirse en esta profesión?
Me animan mi familia, mis amigos, los que me quieren, que siempre están ahí creyendo en una. Me anima ver a compañeros a los que la profesión les trae cosas bonitas después de una época de sequía.
¿Qué le gustaría estar haciendo dentro de diez años? ¿Y en dónde?
Dentro de diez años me encantaría poder sentir que mi carrera es más sólida. Sueño con ser una secundaria de esas que dicen de lujo, como Chus, Terele, Rosa María… Y me veo haciendo mucho teatro. ¿Dónde? Donde me llamen.
