¿Cuándo fue la primera vez que pensó en ser director?
Viendo la película “Las amistades peligrosas” me picó la cobra vocacional del cine. Después de escribir y dirigir varios cortometrajes me di cuenta, genio que soy, de que hacer una obra de teatro era más asequible que una película, que la cosa era contar una historia, daba igual el medio. Ya montando la primera obra me picó la cobra teatral, la más mortífera de todas, y aquí estoy más de una docena de montajes más tarde.
¿Y cuándo sintió que lo había logrado?
Cuando por primera vez los espectadores pagaron su entrada y se sentaron a ver una obra mía mientras yo observaba todo desde cabina, acompañado por el iluminador, pellizcándome, sin sentir mucho por los efectos de Lorazepam. De todas formas, mi Síndrome del impostor no me permite relajarme demasiado en ningún montaje. Si lograr algo es relajarse, mejor tener una tensión sexual no resuelta con el teatro. Soy vasco.
Su primera vez sobre las tablas fue en….
Hace años, en Microteatro por dinero, dirigiendo mi texto “Plan B”, una obra épica que empezaba en el jardín de Getsemaní, donde Jesucristo cambia su identidad con Judas para salvar el pellejo. Éste último muere en la cruz mientras Jesús consigue llegar a Francia de incógnito con María Magdalena y tienen una familia numerosa. Duraba diez minutos.
Y la ultima ha sido en….
Será en un par de semanas (22 y 23 de noviembre) en el Teatro Infanta Isabel, poniendo en escena mi comedia negra “Camino largo de vuelta a casa”, una obra (como no) épica sobre tres generaciones de mujeres obligadas a convivir bajo el mismo techo. Hay tiros, suicidios, gatos en peligro y mucha sangre, pero no en el mismo espacio temporal. El elenco formado por Amparo Pamplona, Belén Ponce de León, Helena Ezquerro y José Emilio Vera está imperial modo Toisón de oro.
¿A quién admiraba de pequeño ?
Crecí en Bilbao en una época en la que llovía casi todos los días y el entorno era asfixiante: conservadurismo social, violencia política y bastante miseria moral, por lo tanto es normal que admirara lo que se salía de la norma, cualquier cosa que pudiera aliviar a un adolescente doliente. Entre la gente maravillosa que estaba ahí fuera, viva o muerta, me enganché a: Prince, Morrissey, Sylvia Plath, Derek Jarman, Winona Ryder, Unamuno, David Lynch, Björk, Woody Allen, Scorsese, PJ Harvey, John Waters, Pet Shop Boys, Madonna, William Burroughs, Stephen King… y muchos más. Curiosamente, nadie relacionado directamente con el teatro, aunque todos eran muy teatrales a su manera.
¿A quién admira ahora?
En general a la gente desinteresada que ayuda a los demás sin preguntar quienes son o de dónde vienen, la gente que piensa antes de ladrar, cualquier referente moral en un mundo que se va al guano. A nivel artístico y vital pues aprendo mucho de personas como Paul B. Preciado, Taylor Swift, Maggie Nelson, los hermanos Castelucci, Patti Smith, Anohni, Volodímir Zelenski, Julia Ducournau, Katie Mitchell, Sabina Urraca… son legión. Afortunadamente quedan todavía bastantes luces ahí fuera.
Aprendí mucho de….
Puede sonar a Mr. Wonderful, pero creo que al ser autodidacta en esto del teatro y no haber tenido una formación académica, una pena sobre todo por perderme las juergas de la gente de la RESAD, todo lo que he aprendido ha sido por la práctica y lo que me han enseñado voluntaria o involuntariamente, la gente de la profesión con la que me he cruzado.
En cuanto a talleres, he ido a unos cuantos y he aprendido sobre todo de Marcelo Díaz en Cuarta Pared y Tamzin Townsend.
No me ha enseñado nada….
Tal como comento en la respuesta de arriba, siempre se puede aprender, en muchos casos hay gente que te enseña qué no hacer; sobre todo cuando ves a profesionales, afortunadamente ya se atreveN menos, tratando mal a la gente con la que trabajan. Porque pueden. No creo que crear una cultura de miedo/agobio en un montaje sea lo mejor para que una obra salga bien. Con lo duro que es trabajar en esto al menos vamos a intentar divertirnos y que todo el mundo esté bien, ¿no?
¿Qué personajes celebres le gustaria dirigir?
Pues me encantaría dirigir a los participantes de La isla de las tentaciones, una performance estupenda en un site specific. O participar en los guiones, la verdad es que sería un sueño.
¿Con que actores/directores le gustaria trabajar?
A lo mejor no he trabajado con todos los actores y actrices que me hubiera gustado, pero adoro a la gente con la que he trabajado. De hecho, si encajan en los personajes, suelo repetir con la mayoría de los intérpretes que he trabajado.
Me gustaría currar con mi actor vivo favorito, Udo Kier, que tanto te hace una “Historia de O” como el icónico Hans de “Mi Idaho privado”. Ese señor es una leyenda.
Si pudiera además resucitar a Gunnar Björnstrand, Kenneth Williams, Klaus Kinski, Ingrid Thulin o James Dean pues estaría muy bien.
¿Como se gestiona la incertidumbre ante un proyecto que no llega?
Poniendo fotos en la nevera de programadores y gente similar. Pero, principalmente, con paciencia, esta profesión es resistencia, clavar los tacones en el suelo y hacer frente a lo que venga. Hay que disfrutar mucho de cada montaje porque podría ser el último.
¿Como se celebra cuando si llega?
Hace unos años, posiblemente, con espumoso. Ahora no da mucho tiempo porque enseguida se mete uno en la preproducción y ya. El hecho de estar haciendo un montaje ya es bastante celebración. El Walt Whitman decía “yo me celebro” y uno pensaba “este señor con barbas, qué intensito” pero en el fondo es verdad. Phew.
Un director debe tener un plan b para poder sobrevivir,¿cual es el suyo?
Y un plan c y un d. Creo que la gente que vive exclusivamente de la profesión, no solamente directores, se pueden contar con los dedos de un muñón. Afortunadamente tengo otro trabajo en la industria musical, que me encanta por otra parte. Lo que no sé es por que me meto en estos líos teatrales. Demasiados agujeros vitales que llenar, posiblemente.
¿Cuales son las historias que más le atraen actualmente para dirigir?
Suelo dirigir los montajes que escribo o sea que suelen ser los temas que me atraen a mí, literalmente. Me gustan las historias y los personajes con aristas y tonos de gris, es un reto intentar comprender a esas personas; al neonazi que llora cada vez que muere un toro, la intachable ejecutiva que no puede evitar jugarse en el bingo el dinero que ha apartado para que sus hijos estudien fuera, el inmigrante gay con una ETS que escapa de ser ejecutado en su país pero que tiene sexo sin protección… cosas así. Curiosamente tiendo a la ciencia ficción, no tanto viajes espaciales como cosas que están a punto de pasar. El vértigo de lo desconocido.
También me gustan mucho las de aquí y ahora. Todavía no he podido poner sobre las tablas ninguna adaptación y la verdad es que me encantaría. Hacer El Airbnb de Bernarda Alba o algo así; los clásicos siempre son relevantes, pero se les puede dar una vuelta. O varias.
¿El mejor momento vivido sobre las tablas?
Ha habido muchos, algunos en salas con ocho espectadores, otros en teatros nacionales, pero quizás el momento que más me gusta es cuando en un estreno que ha salido razonablemente bien o se ha salvado por los pelos, termina la función y se hace el oscuro, junto antes de los aplausos. En ese instante en el que queda el tiempo suspendido. Siempre es un momento, um, ehhh… mágico.
¿ Y el peor?
También ha habido unos cuantos, bien durante los ensayos o ya con la función ya en cartel; suele ser siempre por gente que pone su ego por encima del montaje y del trabajo de todo el equipo. Afortunadamente en mis últimos montajes siempre hemos hecho familia con el equipo, con lo cual aunque siempre hay algún momento aislado en el que quieres atacar a alguien con un machete, y viceversa, la verdad es que han sido procesos muy buenos.
Una obra que le haya herido su sensibilidad como espectador…..
Siendo del norte estoy entrenado para no tener la piel muy fina. Hay cosas que a veces sorprenden (recuerdo con cariño el fisting en la obra Mount Olympus a las cinco de la madrugada en Teatros del Canal o a un toro cagando en escena en la ópera de Moisés y Aaron en el Teatro Real) pero herir, nada. Posiblemente lo que más me hiera es lo de la siguiente pregunta.
Y una que le haya insultado a su inteligencia……
Muchas. Principalmente las obras que toman al espectador por idiota o le dicen lo que tiene que pensar. Las didácticas, las que sólo tratan con el blanco o el negro, las comprometidas no con contar una historia con honestidad sino con el ego del director y que te digan lo buena persona que eres y cosas así. El teatro tiene que plantear preguntas, a ser posible incómodas, no masajear genitalmente al espectador, refirmándolo en lo que ya cree y en lugares comunes. Esas son las que me hacen revolverme en la butaca y no un fisting entre adultos que consienten.
¿Qué tal sientan los premios, como se digieren para continuar después?
Los premios son alpiste para el ego, que está bien, pero principalmente un reconocimiento muy necesario, que te legitima de cara a la profesión y sobre todo ante toda la gente que no trabaja en esto y que no entiende nada, algunos familiares principalmente, que piensa que el teatro es algo divertido y que no implica ningún tipo de esfuerzo, que panda de subvencionados de mierda etc. Básicamente es un “¿Qué decíais? ¡No os oígo!” Muy bonito.
Además de premiado he sido jurado en varios galardones y puedo decir que es muy muy difícil ganar un premio, que no sólo depende de lo buena que sea la obra sino de carambolas del destino.
Querría conocer a:
A nivel teatral tengo la suerte de conocer a la mayoría de la gente a la que admiro, pero estaría genial comer casquería y beber un poco de sangre con Angélica Liddell.
Como adulto, me gustaría volver a ver a mis abuelos, que fueron tragados por la nada demasiado pronto, y ponerme al día con ellos; ya a nivel iconos pues me apuntaría a una cena con los Obama, Louise Brooks, Oscar Wilde, Séneca, Nico, Vaclav Havel, Stockhausen y RuPaul
¿Qué le anima a no rendirte en esta profesión?
No sé quién decía eso de “rendirse no es una opción”, ¿Patton? ¿MacArthur? Suena muy grandilocuente, como de frase de 0,60€, pero en el fondo es verdad; no hay otra opción en esto que seguir adelante y tragar mierda, con ocasionales tropezones de miel, hasta el final. Rendirse significaría dejar de ser porque no se puede ser otra cosa. Puede parecer heroico, pero en el fondo es triste porque no hay opción de decir “mira, voy a ser cajero del Mercadona que es algo mucho más digno y satisfactorio que dedicarse al teatro”. Yo creo que la profesión te elige a ti, y no se puede hacer nada. Eso es precisamente la Tragedia, ¿no? Hagas lo que hagas vas acabar follándote a tu madre y a enterrar vivo a tu padre en las afueras de Las Vegas para luego usar tus ojos como pelotas antiestrés. Es el Destino.
¿Qué le gustaría estar haciendo dentro de diez años?¿Y en donde?
Puede que no sea muy ambicioso, pero me gustaría estar a) vivo b) en una democracia que respete los derechos fundamentales.
Si se puede pedir la luna pues me encantaría estar trabajando, encadenando un proyecto teatral tras otro sin filtro nomás y que uno de ellos fuera adaptar y dirigir “La conjura de los necios” de John Kennedy Toole para el Festival de Avignon.
Iñigo Guardamino es licenciado en Derecho. Como director y dramaturgo se ha formado, entre otros, con Marcelo Díaz, Tamzin Townsend y Florian
Borchmeyer. En su faceta de dramaturgo gana el Certamen Internacional
Leopoldo Alas Mínguez de textos teatrales LGTB con su obra El año que mi
corazón se rompió (2012) y Eloy y el mañana (2018). También resultó
ganador del II Certamen de la Asociación de Autoras y Autores de Teatro con la
obra Londres, Londres (2014). En 2015 su proyecto Un resplandor en el
cielo del norte es seleccionado por la Fundación SGAE para su III Laboratorio
de escritura teatral.
Además, ha escrito y dirigido, entre otras, las obras Huevo (2012), Vacaciones
en la inopia (finalista de los Premios Max 2013 como Mejor Autoría
Revelación, además de estar nominado como Mejor Producción Privada y
Mejor Espectáculo Revelación) y Castigo Ejemplar Yeah (2014). Asimismo, en
el marco de las celebraciones del cuarto centenario de la II parte del Quijote,
participa en el proyecto del Teatro Español A siete pasos del Quijote con su
texto Cierra los ojos, dame la mano. Además, su obra Sólo con tu amor no
es suficiente gana el Premio Godoff 2015 a la Mejor Dramaturgia y es
publicada, como otras de sus obras, por Ediciones Antígona.
En marzo de 2017 estrena Este es un país libre y si no te gusta vete a
Corea del Norte y al año siguiente su texto Monta al toro blanco (obra
nominada al Premio Max a la Mejor Autoría Teatral y traducida al francés e
inglés) también se monta, en este caso en el Pavón Teatro Kamikaze. En mayo
de 2019 su obra Metálica, dirigida también por él, se estrenó en el Centro
Dramático Nacional dentro del programa Escritos en escena. Ese mismo
verano en el marco del programa DramaTOURgia, del CDN y AECID, imparte
diversos talleres de dramaturgia en América Latina, concretamente en Santiago de Chile, Asunción, Buenos Aires y Montevideo.
En la primavera del 2021 gana el V Torneo de Dramaturgia del Teatro Español.
En octubre de ese mismo año representa en España en el Encuentro de
Dramaturgia Europea Contemporánea (EDEC) celebrado en Santiago de Chile.
En marzo de 2023 dirige en el Teatro Quique San Francisco su texto Amarte
es un trabajo sucio (pero alguien tiene que hacerlo). Un año más tarde
estrena la obra Camino largo de vuelta a casa en el Teatro Español. En julio
estrena, coescrito por María Herrero, su texto Cassandra o el elogio del
fracaso en el Festival de Teatro Clásico de Mérida. Ambas obras están girando
en la actualidad.
Foto Portada:Carmen Prieto Remón
