Eva Luna García-Mauriño.»Sobre las tablas»

Eva Luna García-Mauriño es exartista, gestora cultural especializada en circo, directora escénica e investigadora. Licenciada en Filología Hispánica, Máster en Gestión Cultural y formada en circo contemporáneo en FLIC (Italia) y Codarts (Holanda). Ha sido coordinadora general de MADPAC (Asoc. de Profesionales del Circo de Madrid), miembro de CircoRED, miembro de la Comisión de Selección Nacional de CircusNext y ejerce labores de defensa y representatividad del sector del circo en el ámbito local, nacional e internacional.

Ha participado como ponente en congresos y encuentros sectoriales de circo y artes escénicas y como jurado de prestigiosos festivales y premios de circo. Ha sido profesora invitada para el Master de Gestión Cultural de la Universidad Carlos III y para la Escuela de Circo Carampa; ha trabajado con instituciones como La Red de Teatros de Titularidad Pública, el INAEM, el FIC de Uruguay o el Teatro Circo Price, CDN entre otros, en el desarrollo de proyectos vinculados al circo. También ha colaborado con el blog del Teatro Circo Price y con la revista Ambidextro.
Actualmente, es directora del Festival RIESGO en Teatros del Canal y codirectora de El Invernadero Circo en Alcobendas, de PDCirco, del Festival MADN y del Ciclo de Circo Contemporáneo de Madrid. Además, trabaja como directora escénica y acompañamiento artístico de numerosas compañías de circo, habiendo recibido varios premios por ello.

 

¿Cuándo fue la primera vez que pensó en ser directora?

La primera vez que se me pasó por la cabeza dedicarme a la dirección no la recuerdo exactamente, la verdad. Sí recuerdo que en 2016 cuando vivía en Holanda se empezó a dibujar más claramente. La dirección en circo es algo que hasta hace poco era bastante desconocido, como que no había una ruta clara a seguir. Llevaba un par de años picoteando libros sobre dirección en teatro, sobre coreografía, Laban, y haciendo algunos cursos siempre de dirección teatral y me costaba encontrar la aplicabilidad de todos estos materiales al circo con mis creaciones. Como si la teoría encajara, pero a la hora de ponerte no cuadrara del todo. Recuerdo que a raíz de una lesión que tuve, empecé a experimentar con compañeros y amigas, y conforme iba dirigiendo me gustaba más y más ese rol. Fue ese año 2016 que después de ayudar en la dirección a unas amigas, que acabaron ganando un premio con la obra, me ofrecieron pagarme por ello y recuerdo no ser capaz de aceptar ese dinero porque no me sentía directora todavía, pero empecé a ver más claramente que quería seguir explorando ese camino.

 

¿Y cuándo sintió que lo habia logrado?

La verdad es que creo que no voy a sentir haberlo logrado nunca. Cada vez que alguien me llama para dirigir una pieza, sudo la gota gorda porque no me siento del todo capaz, me siento una total impostora. Luego me pongo a ello, va fluyendo, lo voy disfrutando y muchas veces acaba bien y todo; pero cada nuevo proceso es volver a sudar y a no sentirme capaz de ello. No sé si esto algún día cambiará, pero lo veo lejano.

 

 Su primera vez sobre las tablas fue en….

Cuenta la leyenda familiar que la madera farandulera se atisbaba ya desde que tenía dos años. Mis padres eran moteros y en los noventa solían ir a concentraciones. Cuentan que en una de ellas yo me perdí y me encontraron en medio de un corro de moteros que daban palmas y se reían, yo en medio bailaba y cantaba; de ahí ascendí a karaokes para jubilados de la costa valenciana, luego obligaba a mi madre y a mi abuela a mirar mis actuaciones y me ofendía si hablaban durante las mismas. Así que ante tanto deseo de expresar, mi madre me apuntó a danza con tres años, luego a teatro, también a un coro, a gimnasia rítmica; lo que más feliz me hacía cuando terminaba el colegio era correr de una actividad a otra. No recuerdo exactamente cuándo me subí a un escenario como tal, porque la escena y el arte siempre ha estado presente en mi vida. Lo que sí recuerdo es que sorprendentemente terminé dejando el teatro en la adolescencia tardía porque me daba mucha vergüenza hablar en público, lo pasaba verdaderamente mal.

Y la ultima ha sido en….

La última vez que actué fue yo creo en 2019 en un laboratorio de creación. Ahora solo me subo a escenarios para presentar a otras personas.

 

¿A quién admiraba de pequeña ?

He soltado una carcajada interna recordando mi gran admiración por Olivia Newton John y John Travolta en Grease. También a Pipi Calzaslargas y su libertad; y a mi abuelo, que era otra persona digna de una novela.

 

¿A quién admira ahora?

Es difícil concretar, porque admiro a muchas personas, sinceramente. Desde que soy madre, pongo en el podio a mi madre, aunque suene a tópico, pero es cien por cien real, poco visibilizamos como sociedad el trabajo de muchas madres, que han sostenido cargas dentro y fuera del hogar. Luego, a Camille Decourtye y Blai Mateu de Barò d’Evel, por su trabajo fino, su capacidad de ser una bomba expansiva de emociones, crítica e intelecto; a Marie Moliens, otra directora de circo brutal y desencarnada; a Els Escarlata, capaces de hablar de lo mundano y lo divino transformando el circo una y otra vez; a María Folguera, dramaturga de teatro, por su inteligencia apabullante; a Angélica Liddell por su capacidad de arrasar con todo; a Nao Albert y Marcel Borrás por reírse de todos; también el trabajo brillante de los coreógrafos Marcos Morau y de Daniel Abreu. Y, por supuesto, a coetáneas directoras de circo como Greta García, Ana Donoso, Zenaida Alcalde, Vivian Friedrich, Eleonora Gronchi, Anna Pascual porque pese a los obstáculos que encuentra el circo a la hora de crear, ellas apuestan por un circo de calidad y arriesgado. Y, por supuesto a Samuel Jiménez y Carlos Such, compañeros de batallas, trabajadores incansables, eruditos del circo, generadores de mil proyectos necesarios para que el circo crezca en nuestro país.

 

Aprendí mucho de….

Mi gran maestro ha sido Roberto Magro, un director de circo italiano que, junto a otros artistas dio la vuelta a la dramaturgia y la dirección del circo y que ha sido un referente para gran parte de mi generación. Él fue quien me hizo mirar el circo desde otro lugar, comprender que el circo también podía abandonar su lugar de arte blanco entretenedor y ser arte en mayúsculas junto a la danza y el teatro: cuestionarse, cuestionar, comunicar, reflexionar, romperse, detonarse, decir sin palabras y con ellas, hacer sentir más allá de las tan manidas “sorpresa e ilusión”. Gran parte de quien soy hoy dentro del circo y como entiendo este arte es gracias a él.

 

No me ha enseñado nada….

Aquí voy con otro tópico, creo que todo me enseña algo, hasta lo que no me gusta o lo que no comparto. Y más en momentos actuales como los que nos encontramos, creo yo que tendríamos que fomentar la pluralidad, porque es lo que más enseña. Hasta las situaciones, contextos o cosas que de primeras no me han gustado o me han aburrido, han terminado por darme una lección. He intentado mantener la curiosidad y ver qué podía extraer de cada contexto.

 

¿Qué personajes celebres le gustaria dirigir?

En el circo la creación parte desde otro lugar. No obstante, creo que la mitología es un buen referente sobre el que trabajar, pero también la realidad más inmediata de los personajes que nos rodean.

 

¿Con que nuevos compañeros le gustaria trabajar?

Siempre me ha gustado la idea de hacer una ayudantía de Nao Albert y Marcel Borrás y conocer de dentro su mundo de locura.

 

¿Cómo se gestiona la incertidumbre ante un proyecto que no llega?

Confieso que llevo realmente mal la incertidumbre. Soy de las que rumia, da vueltas a la cabeza y pasa noches sin dormir. Por suerte tengo una pareja que también se dedica a esto y que me ayuda en muchos de estos momentos a relativizar, bajar a tierra, respirar.

 

¿Cómo se celebra cuando si llega?

Soy de las que celebra poco. Es curioso, pero siempre me ha costado celebrar los logros. Es otra de tantas cosas que tengo pendiente de aprender.

 

Una directora debe tener un plan b para poder sobrevivir,¿cual es el suyo?

Muchas veces, cuando llevo mal esta incertidumbre y este vivir siempre en la cuerda floja, me pregunto yo también cuál sería mi plan B. Digamos que mi plan b es ser polifacética, dirigir varios proyectos, no solo sobre la escena sino de gestión cultural relacionados con el circo. Pero igualmente, en la gestión cultural vives mucha incertidumbre. Algunas veces has trabajado durante años en un proyecto por el que has sostenido carros y carretas para hacerlo brillar y posicionar –y más en circo, que todo esto muchas veces implica triple esfuerzo- y una persona caprichosa, de un plumazo y sin pestañear, acaba con años de esfuerzo y sacrificio. Suele ocurrir –no siempre, por supuesto- que las personas que actúan así no han conocido lo que cuesta sacar adelante desde cero un proyecto y fomentar la excelencia con apenas recursos. Ahí es cuando vives un momento muy desalentador y dan ganas de tener un plan b y dejar de sentirte tan frágil. Por ahora, sigo sin encontrarlo, aunque cada vez estoy más cerca.

 

¿Cuales son las historias que más le atraen actualmente para dirigir?

Cuando dirijo suelo partir de conceptos más que de historias como tal. Por lo general, me gusta hacer sentir a la gente para hacer pensar. Dicen que el pensamiento provoca el sentimiento; en cambio, cuando dirijo, me gusta darle la vuelta a esto. Y, normalmente, escapo de los conceptos de la sorpresa o la ilusión, porque creo que son corsés que han hecho mucho daño al circo para ser dignificado como el resto de artes. Por ejemplo, ¿te imaginas que la danza solo hablase de la belleza y repitiese solo líneas? ¿Por qué nos empeñamos en que el circo solo provoque y hable de una cosa? Así que a mí me gusta dirigir obras que rompan con lo que se espera del circo y demostrar que es un lenguaje poliédrico. Creo que cuando consigamos romper con los tópicos del circo, conseguiremos que tenga un buen espacio en la sociedad.

 

 ¿El mejor momento vivido sobre las tablas?

1994. En el karaoke del Hotel Los Robles de Gandía -como buena madrileña en los noventa- con mi abuela y mi prima cantando ‘Susanita tiene un ratón’.

 

¿Y el peor?

Una de las primeras veces que actué en circo. Recuerdo hacer un circo como de animación -sin que esto suene a una crítica hacia este tipo de circo, que justamente respeto mucho porque nunca se me ha dado bien-, y me sentía extremadamente ridícula. Recuerdo estar mirando al suelo toda la función porque no era capaz de mirar a la gente de lo mal que lo estaba pasando. Por supuesto, cuando terminé me regañaron.

 

El primer espectaculo que fué una catarsís para mí fue….

Como para mí es importante visibilizar el circo, voy a hablar del primero de circo. Fue un espectáculo en México de la compañía francesa Subliminati, que luego desapareció y ahora parece que están volviendo a resurgir. También han sido catárticos para mí todos los espectáculos de Barò d’Evel.

 

 ¿Y el ultimo catartíco ha sido…?

Hourvari de Rasposo. Impresionante.

 

Una obra que le haya herido su sensibilidad como espectadora…..

Por ahora, ninguna. Creo que tengo piel gruesa y que me gusta ver de todo y respetarlo. Lo que sí me ha pasado alguna vez es salir enfadada, aunque respete el trabajo.

 

 Y una que le haya insultado a su inteligencia……

Prefiero no ganarme enemigos.

 

 ¿Cómo se maneja la autocensura para tratar ciertos temas ?

Uff. Tremendo tema. Creo que el circo tiene una grandísima autocensura, lo que demuestra la fragilidad en la que estamos como arte. El circo, como ya he dicho, ha estado y sigue estando tan encorsetado, que parece que está abocado a no salir del entretenimiento y del recuerdo de la infancia. Como si no se le tuviera permitido hablar de nada intelectual o crítico. No puede incomodar, la gente tiene que dar palmas. Cada vez que te sales de ese corsé te arriesgas a no gustar y a quedarte sin trabajo. Creo que estamos a años luz de la danza y el teatro, donde, aunque también haya censura, socialmente e históricamente sí se ha aceptado que se aborden temas críticos o incómodos y puedan debatirse diferentes puntos de vista, como buen espejo de la sociedad. Salir del concepto del circo como arte blanco, a veces cuesta muy caro. Paradójicamente esto hace que el circo siga contando con mucho estigma por parte de gran parte de la ciudadanía, es el eterno dilema como callejón sin salida, un bucle difícil de romper mientras no haya políticas culturales que ayuden a que el circo salga de sus propios clichés que, a su vez, le han hecho mucho daño. Por suerte, sí hay algunas iniciativas que poco a poco están intentando abrir ventanas para que el circo pueda salir de esa autocensura y abordar discursos más complejos dirigiéndose a públicos adultos.

 

¿Qué tal sientan los premios?,¿Cómo se digieren para continuar después?

Lamentablemente en el circo aún queda mucho por hacer en muchos ámbitos y los premios es otro síntoma de esta realidad. Es la pescadilla que se muerde la cola. Como he dicho, al circo no se le permite muchas veces abordar temas profundos, cuenta con menor presupuesto para las producciones, por lo que muchas veces se lo excluye de galardones por no considerarlo a la altura de la danza y el teatro que sí tienen permitido hablar de cosas de altura e intelectuales. El circo cuenta con muy pocos premios. Por suerte, alguna de las obras y proyectos que he dirigido, sí los ha ganado y la verdad es que es un momento de gozo interno saber que al final sí que hay un reconocimiento a tu trabajo y que llega a las personas. Pero no me lo tomo como un logro personal, sino como un logro colectivo, un paso más para que el circo vaya ocupando nuevos espacios y logrando mayor reconocimiento.

 

Querría conocer a:

Al próximo presidente o presidenta de España. De manera informal, sentarle en una mesa y lograr un compromiso real de apoyo a la cultura y a la libertad de expresión. Pura fantasía. Demasiado prosaico.

 

 ¿Qué le anima a no rendirte en esta profesión?

Me mueve un profundo amor y respeto visceral hacia la cultura. También, ver que después de años de trabajo, a veces brotan las semillas que has plantado. Y, sobre todo, pensar que trabajo para que los que vienen detrás se encuentren un escenario más amable y próspero que el que nos encontramos los de mi generación y anteriores.

 

¿Qué le gustaría estar haciendo dentro de diez años?Y en donde?

En diez años me encantaría seguir dirigiendo los proyectos que dirijo, pero ya consolidados y con mejores presupuestos, por pedir que no quede. Que las cosas sean más fáciles para los que nos dedicamos a la cultura, y no supongan una eterna lucha desgastante. Que quienes toman las decisiones faciliten más nuestro trabajo, en lugar de poner obstáculos. Y, por supuesto, dirigiendo obras de circo en libertad, sin tener que pedir permiso para escapar del concepto de arte blanco. Menudo sueño.

Y si esto no fuese posible, en cualquier proyecto apasionante y alocado. Y si no, disfrutando de ese aún-no-dibujado-plan-b en España o en el lugar del mundo donde haya decidido posarse.

 

Foto Portada:Gaby Merz