Aurora García Agud (Valencia, 1999).
Creadora interesada en espacio sonoro, escritura y cuerpo. Graduada en Interpretación Textual por la Escuela Superior de Arte Dramático de Valencia y en Interpretación de Piano por el Conservatorio Profesional de Música de Valencia no 2. Recientemente ha finalizado el Máster en Pensamiento y Creación Escénica Contemporánea en la ESADCyL.
Compagina su trabajo como actriz con la composición de música original para
escena, como en el fin de la historia de Iván Mozetich y José Ramón Pujante (Festival 10Sentidos, 2024). Como diseñadora de sonido, ha trabajado en ARQUITECTURA EMOCIONAL de Elena Mateo, obra ganadora del Certamen CreaMurcia 2024. Otros proyectos en los que ha participado como intérprete incluyen ULTRAFICCIÓN No3 de El Conde de Torrefiel (2021) y Pródigo de Eva Mir (2025). Actualmente se encuentra trabajando en Los Duelistas, dirigida por Emilio Gutiérrez-Caba.
Con la voluntad de alejarse de los formatos escénicos tradicionales, ha desarrollado proyectos de investigación junto a Jor Camacho Tárraga, entre ellos Cartografía de la Fragilidad Expuesta (2020–2022), donde exploran la intervención del cuerpo en espacios públicos. Esta investigación culminó en un libro homónimo, publicado por la editorial SegundaEnPapel.
En 2022 cofundó su primera compañía de teatro interdisciplinario, Platón Roto, junto a Candela Mora. La compañía ha producido cuatro obras escénicas, incluyendo su creación debut, a-fràgil, estrenada en el Festival Russafa Escènica 2022 en Valencia.
Actualmente investiga la relación entre los cuerpos temblorosos y el sonido a través de el tembleque, pieza recientemente estrenada en Réplika Teatro (Madrid, 2025).
¿Cuándo fue la primera vez que pensó en ser actriz?
Siempre pensé que fue a una edad ya avanzada, con 17 o 18 años. Pero lo cierto es que desde pequeña me ha gustado actuar, en la escuela hacíamos teatro y los recreos eran el lugar perfecto para crear escenarios fantásticos. Pero fui una niña muy tímida y por eso nunca pensé que pudiera hacer esto de verdad.
Siendo más mayor me di cuenta de que en verdad me interesaban las artes
escénicas en general, desde distintas posiciones, y por ello me lancé a la creación desde otros lugares como la dirección.
¿Y cuándo sintió que lo había logrado?
Bueno, una siente que todavía no lo ha logrado. Quiero decir, se trata de algo que se desarrolla durante toda la vida. Y al igual que es importante afirmarse a una misma “soy actriz” aunque no estés trabajando de ello en ese momento, o “soy directora / música / creadora”, también considero igual de importante no tomar esa afirmación como una verdad estática. Es en movimiento cuando lo somos. Y como espero estar en movimiento hasta que me muera, creo que solo en ese momento lo podré afirmar. Lo he logrado. Y pum, moriré.
Su primera vez sobre las tablas fue en….
Mi escuela pública, en el salón de actos. Junto a una amiga escribimos y dirigimos una pieza donde cada alumna tenía un papel. Era una obra de aventuras. En ese momento recuerdo que decidí interpretar a un personaje secundario, que solo aparecía en una escena, para poder centrarme en mirar el resto de la obra. A veces la mejor parte del teatro es mirar. Acabé interpretando a una mujer anciana, con el camisón y el pañuelo de mi abuela, que daba una pista sobre un tesoro oculto, y desaparecía.
Y la última ha sido en….
Actuando en “Pródigo”, de Eva Mir, en Nave 10 Matadero. Formar parte de este
equipo ha sido un gran regalo para mí, hemos creado la pieza durante dos años en residencias y ensayos, con mimo, con intensidad, con obsesión, capitaneadas por una directora inteligente, sensible, expansiva – que te hace crecer como persona y como profesional. Así que cuando salíamos a escena la obra estaba impregnada de ese recorrido conjunto y ha sido un placer interpretarla y vernos crecer junto a ella.
Y dirigiendo / creando en “el tembleque”, una pieza propia creada junto a Iván
Mozetich, estrenada en Réplika Teatro. Como sigue muy pegada a mí, no tengo aún palabras para definir cómo impactó en nuestros cuerpos. Pero lo hizo. Fue una oportunidad increíble para crear, interpretar y dirigir una pieza hecha con pocos recursos pero con mucha ferocidad, apretando para sacarla adelante desde nuestra precariedad como artistas. Pero ocurrió.
¿A quién admiraba de pequeña ?
Cuando empecé a escuchar música por voluntad propia (antes de ello mis padres nos trasladaron a mi hermano y a mí su gusto por Bob Dylan, Manu Chao, Bruce Springsteen, Nina Simone, y tantos otros), me obsesioné con The Beatles hasta tal punto que durante años no escuché nada más. Coleccionaba sus discos y leía una y otra vez los libretos con las letras. A mis padres les gustaba porque pensaban que así la niña aprendería mejor inglés. La realidad es que aprendí todas sus letras, pero no mejoró mi inglés.
¿A quién admira ahora?
A muchas creadoras de muchos ámbitos.
Me vienen estos nombres: Alberto Cortés, Ángela Segovia, Federico Campagna, María Salgado, Alice Rohrwacher, El Conde de Torrefiel, AzkonaToloza. Y a mis amigas, con las que tengo la suerte de trabajar: Eva Mir, Marcos Nadie, Iván Mozetich, Jorge Sevi o Natalia Fernandes, entre tantas. Personas que trabajan sin descanso, que se hacen preguntas, que tratan de trasladarlas a las diferentes plataformas artísticas.
Aprendí mucho de….
Mi profesor de piano. Tuve la suerte de coincidir con él durante mi adolescencia, una etapa difícil y dura. Yo seguía siendo una persona muy tímida, y él me acompañó en un largo camino donde no sólo aprendí a tocar el piano, sino que también gané confianza, expresividad, determinación, fuerza, fragilidad; reivindicando esa fragilidad como potencia, como posibilidad. Haber tomado clase con él definitivamente ha configurado quién soy
hoy, qué me apasiona y cómo me enfrento al trabajo como música, actriz o directora. Y me dio razones suficientes para pensar que el mejor compositor de la historia es J.S. Bach.
No me ha enseñado nada….
Todo me ha enseñado algo. Hasta el profesor más aburrido, el amor más fracasado o la actividad más alejada de la actuación. De todo se puede aprender.
¿Qué personajes célebres le gustaría dirigir?
No lo sé, me cuesta ponerme en esa posición porque todas mis experiencias
relacionadas con la dirección han sido en contextos de trabajo con compañeras y amigas.
Así que se me hace muy lejano pensar en dirigir a una celebridad. Todavía no tengo respuesta a esta pregunta.
¿Con qué actrices-director@s le gustaría trabajar?
Me encantaría trabajar con Fernanda Orazi.
Y más alejadas, con Miet Warlop o Gisèle Vienne en escénicas. Con Alice
Rohrwacher en cine. Soñar es gratis.
¿Cómo se gestiona la incertidumbre ante un proyecto que no llega?
De mi amigo Iván he aprendido muchas cosas, no solo en la creación, y una vez me dijo que él se enfrentaba al vacío dejando que el vacío le llenase por completo. Que la cuenta bancaria bajase hasta casi el cero. Y que en ese momento siempre ocurre algo, si estás atenta, que te hace seguir trabajando. Que hay que confiar en ello.
A mí me cuesta barbaridades gestionar la incertidumbre, siempre tengo la
sensación de que el trabajo que estoy haciendo será el último. Pero recordar las palabras de Iván me ayuda.
¿Cómo se celebra cuando sí llega?
Con una alegría que, en realidad, no dura tanto, porque desgraciadamente esta
profesión te impulsa a pensar todo el rato en el futuro, en el fin de los proyectos incluso sin haber empezado. Qué horror. Hagamos algo con eso. Me encantaría encontrar un equilibrio más sostenible ante estas situaciones. Y poder celebrar plenamente.
Una actriz debe tener un plan b para poder sobrevivir, ¿cuál es el suyo?
Siempre digo que es el piano, pero ha sido tantas veces generador de trabajo que casi es el plan A. Me asombra ver cómo ambas profesiones, piano y actuación, requieren una técnica concreta con años de estudio, pero, en cambio, parece que se reconoce más la habilidad pianística que la interpretativa. Casi todas mis oportunidades de trabajo en el sector escénico han estado ligadas al hecho de que toco el piano. A veces me pregunto
qué pasaría si no lo tocase. ¿Estaría escribiendo estas líneas en este preciso instante?
También siento interés y atracción por la enseñanza.
¿Cuáles son las historias que más le atraen actualmente para actuar/crear?
Las que tienen que ver con mundos que terminan.
Las que asumen una derrota para iniciar algo distinto.
Las que son muy sencillas y se construyen en torno a un solo elemento.
Las que son muy complejas y aglutinan elementos imposibles.
Las que se hacen preguntas sobre la realidad sin renunciar a la poesía.
¿El mejor momento vivido sobre las tablas?
Han sido muchos. Recuerdo cuando estrenamos en el Teatre el Musical, en
Valencia, la primera versión de “Pródigo”, que era itinerante. Teníamos una escena en los baños del teatro, donde se recreaban los baños de una discoteca. Estaba lleno de espectadoras apretadas, música, baile. Me vienen flashes divertidos y bellos de esos momentos cargados de vida.
Recuerdo otro proceso hace muchos más años, con El Conde de Torrefiel, en
Valencia también. Fui realmente feliz haciendo aquello.
¿ Y el peor?
Como actriz, una vez me olvidé de una coreografía de esgrima. No me gusta
recordar cómo lo solucionamos. No fue divertido.
Como directora, en la muestra final de proceso de “el tembleque”, se nos
estropearon dos congeladores que albergaban dos bloques de hielo cada uno. La pieza se sostiene sobre un bloque de hielo que se rompe en escena. Lo solucionamos. Me quedo con esa parte, la de que nada es tan grave. Cuando sucede algo que te impide hacer lo que pensabas hacer, la imaginación se activa.
Una obra que le haya herido su sensibilidad como espectadora…..
Voy a responder a estas dos preguntas que siguen desde una perspectiva
edificante. Quiero decir, no porque una pieza haya hecho mella en mi sensibilidad significa que carezca de valor artístico, sino todo lo contrario. De hecho pienso que las piezas que más nos disgustan son las que quedan incrustadas en nuestra memoria. Y que eso es una herramienta valiosa.
Así, me resultó impactante “Un cuerpo sin talento” de Monte Isla. Me generó mucho malestar sensitivo sin tener que recurrir a elementos explícitamente hirientes o escatológicos. Me pareció muy interesante.
Me revolvió las tripas la primera vez que vi a Angélica Liddell cortarse en escena, que fue en “Liebestod”. La segunda vez que vi la pieza un espectador se desmayó y me impactó más eso que el acto de cortarse en sí mismo.
Y una que le haya insultado a su inteligencia……
Del mismo modo, suelo considerar el “no entender” como una oportunidad de
descubrir algo que antes permanecía oculto para ti. Eso me ha pasado sobre todo en el campo del performance y de las artes vivas.
La primera vez que vi artes vivas me sentí poco inteligente, pero me golpeó
profundamente. Fue “Dios Tiene Vagina” del Colectivo Vértebro en La Mutant, en Valencia.
Asistí asimismo hace muchos años a una pieza de Rodrigo García que no pude soportar. Es la única vez que he pensado en salir del teatro. Pero me gustó no hacerlo, al fin y al cabo.
¿Qué tal sientan los premios, cómo se digieren para continuar después?
Siempre es bonito que te reconozcan por el trabajo hecho. Después la vida continúa exactamente igual.
Querría conocer a :
Alejandra Pizarnik, sin dudarlo.
¿Qué le anima a no rendirte en esta profesión?
Pensar, como decía antes, que todavía no lo he logrado. Que todo está abierto, que las cosas están por llegar, que tenemos tiempo. Es algo que me repito constantemente.
¿Qué le gustaría estar haciendo dentro de diez años?Y en donde?
Me gustaría seguir teniendo la vida que tengo ahora, pero menos precarizada. Que mi entorno viva con sostenibilidad. Que todas podamos trabajar. Generar algún tipo de red o espacio común donde recordarnos que nada se hace sola.
