Elisa Forcano es una artista multidisciplinar zaragozana afincada en Madrid.
Actriz, danzante, performer, poeta visual, artista plástica y creadora escénica, su trabajo habita el cruce entre cuerpo, palabra e imagen, investigando el movimiento como detonante poético y simbólico.
Graduada en Teatro Físico por la RESAD con Matrícula de Honor y licenciada en Bellas Artes con Mención de Honor, ha desarrollado una trayectoria sólida y singular dentro de la escena contemporánea nacional e internacional.
Entre sus últimos trabajos destacan Cristo está en Tinder, dirigida por Rodrigo García, estrenada en el Teatro de la Abadía; y La Gran Cacería, proyecto escrito y dirigido por Juan Mayorga junto a Alberto San Juan, estrenado en El Teatro del Barrio.
Como intérprete ha trabajado en circuitos y festivales como Teatros del Canal, Teatro Fernán Gómez, FIT Madriz o Topic, y su recorrido incluye proyectos con amplio recorrido como El encanto de la imaginación (Cía. Faboo), con funciones en Conde Duque y La Casa Encendida y gira, reconocido en FETEN 2015 y finalista en Els Premis de la Crítica (Barcelona), además de su paso por el talent show alemán Die PuppenStars.
Su trayectoria escénica reúne también reconocimientos como el Premio a Mejor Actriz de Reparto en el Festival MUTIS por #noLUGAR (Tomás Cabané) y el premio a Mejor Pieza Original de Esgrima en el International Festival of Stage Fencing “Silver Sword” (Moscú) con La criatura.
En 2017 funda la compañía de teatro-danza Le Doute junto a Carlos Beluga, desde la que impulsa proyectos de creación y residencias. Como creadora, firma Zorra Dorada, pieza escrita, dirigida e interpretada por ella, nacida en SURGE Madrid (Proyecto Emergente) y presentada en Escena Abierta (Burgos), el Festival de Verano de León, Mujeres a Escena (Zaragoza), la Muestra Guillermo Heras (Alicante) y MADferia. Tras volver a programarse en SURGE 2025(Sala Exlímite), la pieza continúa su recorrido en distribución y podrá verse en Nave 73 los días 5, 6 y 7 de marzo. Recientemente, Zorra Dorada ha recibido tres candidaturas a los Premios Max: Mejor Espectáculo Revelación, Mejor Autoría Revelación y Mejor Intérprete Femenina de Danza.
Combina su práctica artística con la docencia, impartiendo clases de teatro físico, danza y artes plásticas en centros como TAI, Nave 73, ECE Actores o la Fundación Maite León, además de talleres independientes. Su enfoque pedagógico pone el cuerpo en el centro como impulso creativo, fusionando palabra y movimiento para acompañar a cada persona en la búsqueda de su poética personal.
¿Cuándo fue la primera vez que pensó en ser directora?
Jamás lo pensé como objetivo. Llegó como una consecuencia inevitable de crear: al vincularme,como actriz, a proyectos escénicos donde se priorizaba el proceso, muchos de ellos acababan siendo creaciones colectivas.
En realidad, era algo que llevaba tiempo reprimiendo por miedo a la exposición, por el terror a que el fracaso llevara mi autoría. Pero cuando leí la noticia de Noa Pothoven, la joven que inspiró mi primer trabajo en solitario como creadora escénica, Zorra Dorada, se impuso la idea de que ese proyecto me trascendía: ya no tenía que ver solo conmigo, con mi miedo o con mi pudor, sino con una necesidad de decir algo. Y, de algún modo, eso me permitió jugar sin juicio.
Llevaba rumiando la pieza desde que leí la noticia en 2019, pero no fue hasta 2024 cuando la materialicé. Fue decisivo venir de currar junto a Rodrigo García en su pieza Cristo está en Tinder: conocer sus procesos de creación y percibirlos cercanos a los míos me reafirmó de alguna manera.
Además, tras terminar la gira internacional, no veía que me entrara ningún proyecto nuevo, algo que, desde que empecé a trabajar como actriz, jamás me había pasado. Lo viví como una posibilidad de investigar materiales propios. El hecho de que SURGE Madrid me seleccionara como proyecto emergente, con una fecha de exhibición en Cuarta Pared, también fue decisivo para
bajar a tierra mi manera rizomática de encontrar materiales, empezar a definir una estructura, seleccionar a un equipo y dirigirlo.
¿Y cuándo sintió que lo había logrado?
Nunca he sentido el logro como una llegada, sino como una práctica: seguir creando, seguir creciendo, no apagarse. Incluso trabajando para otros, siempre ha habido dirección y autoría en lo que hago. Como decía Joseph Beuys, “todo ser humano es un artista” y “cada acción es una obra de arte”. Vivir cada día cultivando esa certeza es, para mí, el logro.
Su primera vez sobre las tablas fue en….
En las calles de Teruel, durante las Bodas de Isabel de Segura de 2008. Participé en una escena en la que hacía de plañidera el día del funeral de Diego de Marcilla, dirigida por mi madre teatral,Marian Pueo.
Por entonces yo estaba estudiando Bellas Artes allí y, gracias a Raquel Esteban, que en aquel momento era directora de la Fundación, conocí la recreación de la historia de los Amantes, que se realiza desde hace 30 años. A raíz de eso empecé a hacer teatro con una compañía llamada
Albishara, con la que recorríamos pueblos haciendo espectáculos de recreación medieval.
Aunque podría decir que la primera vez que tuve una verdadera sensación de responsabilidad escénica fue cuando terminé interpretando a Isabel de Segura, dirigida por mi padre teatral, Joaquín Murillo, en 2010.
Y la ultima ha sido en….
La última ha sido en MADferia, con Zorra Dorada, en el Real Coliseo Carlos III de San Lorenzo de El Escorial. Entrar en esa programación, gracias a la visión de María Sánchez de la Cruz, ha sido un chute de visibilidad para la pieza y una forma de ponerla en circulación.
¿A quién admiraba de pequeña?
A mi madre, porque andaba en tacones como si fuera una funambulista del hogar y los cuidados, y por delinearse los labios como quien contiene toda la belleza al precisar un límite.
A mi padre, porque entendía las matemáticas que a mí se me atragantaban y parecía saberse la historia del mundo y del universo entero, y trataba de meterme toda su sapiencia en el cráneo como un fresador.
A mi hermano, por esa capacidad medio sobrenatural para ganar campeonatos de ajedrez.
Al de Art Attack, claro.
Y a Xena, la princesa guerrera, porque si yo iba a ser princesa, no era para esperar: quería meter cera.
¿A quién admira ahora?
A Gisèle Pélicot: igual que en su momento Noa Pothoven me voló la cabeza, ella también. Su manera de recomponerse con dignidad y hablar del amor, de colocarse en el centro cuando en estos casos tantas veces nos sentimos avergonzadas y nos apartamos para que el centro lo ocupen ellos, y
de la posibilidad de volver a confiar y a amar después de un horror inefable, me descoloca y me sostiene. Me da esperanza y me ayuda a seguir creyendo en nuestra fortaleza y en la pulsión vital. Si necesito una referencia de este siglo, es ella. Es como una mesías femenina contemporánea.
Aprendí mucho de….
De cada uno de mis fracasos, que siguen apareciendo en el camino con forma de piedras nuevas en las que tropiezo. Al menos las formas cambian: cada vez caigo menos tiempo, me levanto con más determinación y las heridas cicatrizan antes.Y de los éxitos también se aprende, aunque haya quien diga lo contrario. El éxito no es una cumbre: es otra prueba. Te coloca, te expone y te tienta a creértelo, porque las vistas son hipnóticas pero efímeras. Y cuidado: las caídas son guapas.
Al final, lo importante son las personas de las que te rodeas: las que te sostienen, te impulsan y te acompañan cuando el fracaso te invade.
No me ha enseñado nada…
No creer en mí misma. El síndrome de la impostora, ¡basta ya! Estoy dedicando mi vida a esto: ¿qué impostora voy a ser? No: autora. Al miedo le encanta el juicio y el ego; a esos dos hay que tenerlos atados en corto.
¿Qué personajes celebres le gustaría dirigir/interpretar?
A Gisèle Pélicot
¿Con que nuevos compañeros le gustaria trabajar?
Hay mucha gente con la que no he trabajado que me inspira y con la que me encantaría embarcarme en un proceso creativo. A riesgo de dejarme nombres importantes, diría: Emilio García Wehbi, María Velasco, Ruth Rubio, Marina Otero, Aitana Sar, Rakel Camacho, Marta Pazos, Ingrid Magrinyà, María Jáimez, Carmen Barrantes, Jorge Usón, Pepe Lorente, Alessandra Garcia, La
Señorita Blanco, Iván Morales, María Pizarro, Fernanda Orazi, Marc Caellas, Maite Guevara, Pablo Messiez, Poliana Lima, Lucas Condró, Claudio Tolcachir, Javier Liñera, James Thierrée, Oriol Pla, Marina Abramović, Angélica Liddell, Jan Fabre, Miguel del Arco, Leticia Dolera, Pilar Palomero, Paula Ortiz, Isabel Coixet, Almodovar, Rodrigo Sorogoyen, Javier Macipe, … Y también con
compañías como Baró d’Evel, Peeping Tom, La Veronal, Señor Serrano, Una vez en la vida, La Soledad, La Zaranda… Me dejo a gente fijo
¿Cómo se gestiona la incertidumbre ante un proyecto que no llega?
Con depresión, tirando de una rabia que moviliza: una rabia que me sirve para arrancarme del sitio y volver a moverme. Nunca he sido de sentarme a esperar a que me llamen, porque como creadora multidisciplinar siempre acabo emprendiendo algún proyecto personal. Pero es duro sentir que no te
piensan, que no te eligen. Es absurdo, por otra parte, con la cantidad de gente válida que somos en este oficio. Aun así, es difícil que no mine el ego o la capacidad de emprender cuando creas algo y no ves que se programe, o cuando lo que hay son opciones de una precariedad absoluta. Te invade
una sensación como de descarte. Como cuando hacían equipos y tú te quedabas esperando a que alguien gritara tu nombre, y nunca sonaba.
¿Cómo se celebra cuando si llega?
Tristemente, muchas veces no nos paramos a celebrarlo. Hay tanto esfuerzo detrás, tanto empuje sostenido, que cuando por fin llega casi lo das por hecho, como si fuera la consecuencia lógica de toda la energía invertida. Y no: no siempre sucede así. Hay proyectos que nunca llegaron, ni llegarán, a pesar del compromiso y del talento.
También nos pasa que vivimos proyectándonos al futuro en vez de valorar lo que estamos construyendo en el presente: cuando llega algo, ya estás pensando en lo siguiente. Y eso es un error, y es agotador. Al final hay que recordar que la carrera es larga; que lo importante es mirar el paisaje
y respirarlo. Porque si vas en sprint todo el rato, lo más probable es que te lesiones.
Últimamente estoy reflexionando mucho sobre esto e intentando construir mis pequeños rituales de celebración: compartirlo con amigos y familia, ilusionarme con un viaje, ver artistas que me nutran y regalarme sesiones para mimarme.
Una directora debe tener un plan b para poder sobrevivir, ¿cual es el suyo?
La propia afirmación de la pregunta ya es terrible, pero así es.
En mi caso, doy muchos palos para ganarme el pan duro. Soy actriz todoterreno: curro en cine y en escena; paso de un género a otro sin drama, del teatro físico y la danza a la manipulación de objetos, y de ahí a textos clásicos o contemporáneos. Y lo compatibilizo con la pedagogía y mi vertiente más
plástica: diseño de cartelería, dossiers para proyectos escénicos, ilustración y encargos de retrato.
Lo malo es que, últimamente, la IA también quiere su trozo del plan B.
¿Cuales son las historias que más le atraen actualmente para dirigir?
Las que están en mis carnes. Si no me atraviesa, no la dirijo
¿El mejor momento vivido sobre las tablas?
Cuando mostré Zorra Dorada en Cuarta Pared el 25 de septiembre de 2024, estaba arropada por mucha gente querida entre el público. Al terminar la función salió al escenario todo el equipo que confió en el proyecto, me acompañó con su talento y lo hizo posible. Y vi cómo el público nos
arrollaba con su aplauso atronador, levantándose de los asientos para ponerse en pie. Pienso mucho en esa imagen para seguir cuando las fuerzas fallan.
¿ Y el peor?
Tuve que hacer una función (que no revelaré) en la que no podía salir de escena en una hora completa. Yo estaba bastante enferma: la garganta, un cuadro; la voz me funcionaba a medias y, por darle al público mi mejor versión, me pareció una idea brillante tomarme un litro de infusión con jengibre antes de actuar.
Nada más empezar me di cuenta de que aquello iba a ser un drama. Aguanté lo que pude, pero hacia el último tercio del espectáculo mi cuerpo ya no pudo más y me liberé… El escenario tenía pendiente y vi cómo mi liberación creaba un pequeño río buscando la primera fila. Por suerte había un dique al final del escenario, y yo llevaba un vestuario que camufló la apertura de la presa
El primer espectaculo que fué una catarsís para mí fue….
El primer espectáculo que fue una catarsis para mí fue Todo el cielo sobre la tierra (El síndrome de Wendy), de Angélica Liddell, en Teatros del Canal en 2013. Ella, con el micro, canalizando sus textos sin filtros, y yo pensando: ¿esto se puede hacer en un escenario? Qué libertad, qué gusto, qué ganas, coño. Salí tocada y motivada, con una dirección nueva.
Normalmente admiramos a quienes se atreven a hacer lo que nosotras querríamos hacer, pero no siempre estamos dispuestas a asumir el precio de hacerlo.
¿Y el ultimo catártico ha sido…?
La escena del balcón de los Amantes de Teruel, este sábado 21 de febrero de 2026. Fue especialmente emotiva porque hacía tiempo que no podía ir a ver la recreación y disfrutarla con gente querida de aquellos años. Hay algo en ese cruce entre memoria, vínculo y rito popular que me atravesó por completo. Además, volver a creer en el amor a esa profundidad, en estos tiempos de
amores líquidos, también fue una forma de catarsis. La plaza del Torico estaba llena, y las reacciones se oían magnificadas, amplificadas, con una energía mastodóntica, como un coro.
Una obra que le haya herido su sensibilidad como espectadora…
Opus cero, de Ben Attia, dentro de SURGE Madrid en otoño (octubre de 2024). Me hirió por el grado de violencia y desamparo que consiguieron sostener en escena. Me fascinó. Fuera de la escena, lo que más está hiriendo mi sensibilidad en presente es la guerra en Gaza, la incesante en
Ucrania y el caso Pélicot. Y, aun así, luego nos vemos llorando con Punch, el macaco del zoo que se ha hecho viral abrazado a su peluche. Nos vemos reflejados en él porque es más fácil identificarse con un mono abrazado a un peluche que mirar de frente lo que pasa. Necesitamos que el horror
venga envuelto en ternura para permitirnos sentir algo, aunque sea un segundo, sin hacernos cargo de verdad.
Y una que le haya insultado a su inteligencia…
No soy tan inteligente como para sentirme insultada; como mucho, aburrida.
¿Cómo se maneja la autocensura para tratar ciertos temas ?
Siendo honesta con tu imaginario y respetando los impulsos, sin buscar la validación externa: entrenando la mirada con aquello que te interpela directamente. En los inicios de los procesos busco la soledad. Con Zorra Dorada estuve meses ensayando sola, con el anhelo de ser fiel a mis deseos y
no tener que responder a una mirada externa que los validase. Durante mucho tiempo, mi madre y quien era mi pareja fueron los únicos que conocían momentos de la pieza.
¿Qué tal sientan los premios?,¿cómo se digieren para continuar después?
No me han dado tantos premios por ahora. Y, a riesgo de quedar de flipada, diré que creo que podrían haber sido más. Tengo currículo de eterna nominada.
Los que llegan se agradecen, claro: te dan visibilidad y, de repente, parece que lo que hacías vale más porque alguien lo ha reconocido simbólicamente. Esa es la trampa. Si yo hubiera esperado a sentirme validada por eso, no habría llegado hasta aquí: en mi casa solo hay un trofeo de Mejor Actriz en el Rally de cine del Desafío Buñuel acumulando polvo.
Pero en los momentos de vulnerabilidad, cuando lo mandarías todo a la mierda, a mí me sostiene mirar los carteles de los proyectos que ya están en mis carnes. Supongo que será algo parecido a mirar a tus hijos crecer, yo qué sé.
Un premio no te asegura nada, pero a veces es un trago de agua en mitad de esta maratón infinita por el desierto de la precariedad y la incertidumbre. Y, aun así, aquí seguimos. Nos gusta correr.
Para mí, un premio de verdad es que te programen con un espectáculo propio; o que te entre curro como actriz en un proyecto que te motive, con alguien de quien aprendas; o estar una temporada en un teatro nacional y cobrar cosa fina. Eso sí que es el GRAN premio.
Querría conocer a :
Me gustaría meterme en una cámara anecoica con mucha gente. Así, a priori, me vienen estos nombres: Gisèle Pélicot; Camille Decourtye, Blaï Mateu Trias y Gabriela Carrizo; Emilio García Wehbi, Leticia Dolera, Pilar Palomero, Paula Ortiz, Tilda Swinton, Pedro Almodóvar, Emma Stone, Wes Anderson, Lucrecia Martel, Willem Dafoe, Sagazan, Steven Cohen, Gaspar Noé, Pucho
(Vetusta Morla), Marina Abramović y Angélica Liddell… Yo qué sé, tantas.
Y también a mucha gente que ya se fue: bailar junto a Pina Bausch. Que me retratase Egon Schiele.
Pintar junto a Artemisia Gentileschi. Irme de picos pardos con Toulouse-Lautrec. Me habría encantado meditar junto a David Lynch, hablar sobre maternidad con Louise Bourgeois, esculpir junto a Juan Muñoz y criticar con Goya, aunque no me oyese un carajo.
¿Qué le anima a no rendirte en esta profesión?
No sé hacer otra cosa. No concibo la vida sin creación ni sin procesos artísticos. Cultivo cada día la idea de que el arte es indisociable de la vida, no desde el romanticismo, sino desde la disciplina.
Entreno la mirada, pongo en duda mis herramientas y mis destrezas, e intento no acomodarme.
Crear es volver a la niña que jugaba sin juicio ni expectativas. Es una forma de seguir viva, y de sostener la ilusión de que puedes vivirlo todo sin que nada te hiera del todo.
¿Qué le gustaría estar haciendo dentro de diez años? ¿Y en donde?
Me encantaría seguir creando nuevas piezas escénicas y entrar en circuitos e instituciones que me dieran más proyección y estabilidad, para poder embarcarme en proyectos de mayor envergadura.
También tengo un deseo enorme de seguir trabajando como actriz para otras creadoras o creadores, en todo tipo de lenguajes, tanto en lo escénico como en lo audiovisual.
Como proyecto vital a largo plazo, me gustaría generar un centro de creación multidisciplinar que sea también hogar y lugar de residencias artísticas. ¿Y dónde? Donde tenga sentido: un lugar que me permita sostenerlo, echar raíces y hacerlo crecer con una comunidad alrededor.
Y, por qué no, construir todo eso junto a una persona con la que también pueda generar familia.
